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Crítica a la cultura autoritaria

Actualizado el 17 de noviembre de 2008 a las 7:15 am en la sección: Opinión
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Jorge Luis Tinajero Escobedo/IdeaPolítica.com

 

Juan Preciado (Juan Rulfo) va a Comala, en busca de su padre Pedro Páramo, porque así se lo prometió a su madre, antes de que ella muriera, pero, a medida que se adentra en esta búsqueda, su vida se va asfixiando, hasta que termina muriendo enterrado junto a una mujer de nombre Dorotea, quien, ya en la tumba, le dice:
 
(Dorotea) -”¿Oyes? Allá afuera está lloviendo. ¿No sientes el golpear de la lluvia?
(Juan Preciado) -Siento como si alguien caminara sobre nosotros.
(Dorotea) -Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados.” “PEDRO PÁRAMO”. Juan Rulfo. Ed. Especial, F.C.E. México, 1986, p. 78.
 
La ciudadanía (representada por Dorotea y Juan Preciado, en la obra clásica universal de Juan Rulfo), cuando se encuentra en una situación de muerte, se ve obligada a reconocer la necesidad de enfrentar y vencer a sus miedos. “El vivir bien quita el miedo”, dice la sabiduría popular. Concentrarse en hacer lo correcto, en nuestras responsabilidades individuales y colectivas, corriendo los riesgos necesarios, pero, calculándolos de antemano, a fin de enfrentarse a lo que ha de venir, como recomendaba Pericles a los griegos, presupone una humanización de nuestra cultura, es decir, una crítica a la cultura del miedo que genera violencia y que le es propia a todo poder autoritario, como el que padecemos en México, hoy.
 
Lo anterior, requiere de una autocrítica sobre nuestros errores, defectos y demás problemas no resueltos, a fin de corregirlos. Así, crecemos mejor como seres humanos porque nos permite relacionarnos con mayor cantidad de gente. Como lo dijera Charles Chaplin: “Es solo como vagabundo que me puedo comunicar con el mundo”. Saber reirse de uno mismo, ayuda a encontrar el lado amable de la vida, por un lado y por el otro, permite descubrir que hay algo que el poder autoritario no soporta y que es como la kryptonita para Superman, la risa.
 
La ciudadanía está tejiendo finamente, un nuevo modelo de relación humana basada en el respeto mútuo y con un criterio de verdad, sobre los diversos asuntos públicos y privados. Mientras que la derecha gobernante a nivel federal hace ver que la Historia también se repite al contrario, una vez como comedia (la ignorancia de la pareja presidencial, del sexenio próximo anterior) y otra como tragedia (el snobismo dramático del gobierno federal actual). Y ellos lo saben. Sin embargo, el sentido humano de la vida, lo enseña un poeta como Goethe, quien sabía lo que decía, cuando en una etapa de su existencia, decidió dejar la vida pública para concentrarse en su vida privada, advirtiendo: “Ahora me dedicaré a ver cómo juegan los grandes con los hombres y los dioses con los grandes”.
 
La construcción de una nueva cultura no autoritaria en México, requiere, primero, trabajar individual y colectivamente sobre un nuevo modelo de educación que añada a la educación formal, la emocional, porque también los sentimientos deben ser educados. Y en segundo lugar, se requiere tener muy en claro que en las condiciones históricas actuales, la construcción es de abajo hacia arriba, revalorándonos individual y colectivamente, reconociendo nuestras capacidades, pero, también saber de nuestras limitaciones, para apoyarnos mutuamente. Estos son los dos presupuestos generales que considero son indispensables para caminar hacia una humanización de nuestra cultura, y cada quien tiene la responsabilidad de darle contenido en sus propias circunstancias, individual y colectivamente.

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